Exortación de libertad

Entumecido, acechado por la idea confusa de libertad... Turbulento espectro de alma que se satisface con la sola idea de reavivar las heridas del pasado.
Muerto en la ausencia de mí ensimismamiento –No pertenezco al mundo real- Muerto cuando salgo de ese bello estado porque no soy más que un fantasma de una apariencia jamás alcanzada. No aparento, no puedo aparentar, no quiero aparentar, pero una distorsión de mi exhortación se traduce como el yo aparente-ausente. ¿Si eso pasa conmigo qué ha de pasar con los otros? Paro y observo en mi natural desasosiego, y percibo en una cara, ya ausente a mis ojos, una suciedad que me repugna y a la vez atrae. Siento la necesidad de saber que hay de sucia en está y por qué lo asocio con una lama atormentada, un ser lujurioso. No encuentro respuesta, y entre más la observo, más evidente se me hace su lujurioso ser, veo una cara sucia estando tan bien limpia… Sonríe, habla, observa, escucha y hace gestos; es ella, cara sucia, aquella… de mi lugar de trabajo.
Meditabundo en el prejuicio irrazonable de mi pensamiento, me recobro, me sacudo, me lavo las manos y caigo en el sueño profundo que me ofrece una hora de almuerzo en el sitio donde me alquilo a bajo precio, para volver al destierro, al mundo que llaman Real.

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