Preludio de un suicidio



Estar al borde de la muerte y efectivamente morir, dejarse allí, arrojado en el suelo sin consciencia, prevalecer en la obstinada vanidad de seri sin existir.
Esa muerte fue mi línea de escape, un segundo aire que necesitaba mi ser. Cansado de vestir siempre la misma piel, hoy ha mudado en apariencia... Pasar de una vacuidad a otra, tan fácil como cualquier persona puede respirar, y es que soy en la inacción.
¡AHORA SOY INMORTAL PUES YA HE MUERTO! , y además, la muerte es un estado tan extraño a nuestra naturaleza, que siempre llega sin previo aviso, sin protocolo, sin explicación.

La muerte es incomprensible, y por tanto, divina -No humana-... Me he convertido en el póstumo que siempre quise ser. Tal vez mi alma no cree en un tiempo escatológico, y hoy está presa en el infierno que siempre ha sido la fútil y vacua apariencia de existir en este mundo.

Percepciones


Ojos que me aprisionan, son café oscuros y profundos que tienen aire de misterio, me revelan, tal vez tristeza, ojos vivos que me evaden sin tregua, tan bellos que en su pudor se ocultan tras una pestañina grumosa, bajo sus ojos una nariz chata y pequeña que respira, que dan entrada a unos labios carnosos y rojos, humedecidos por un líquido que ignoro. Todo un conjunto que se complementan con unas manos delicadas y sedosas. Una de sus manos es resguardada por un reloj plateado y pequeño. Ella, ella es un ser humano que aún puede respirar.