
Y poco a poco te me vas convirtiendo en la espada y la pared de mi vida.
Siento la necesidad del ciego que para conocerte se sacia al palpar todo en ti, pasando por tu cuerpo y terminando en tu alma.
Aunque no te siga estás en mí. Ya la distancia no es en kilómetros sino en cuerpos, y estando aun cuerpo, te me diluyes hermosamente.


