¿Y QUÉ ES LA VIDA?

¿Qué es la vida para mí?
Es como la escuela, pero en el momento en que la profesora está descuidada.
Es como el recreo, y yo soy un escuálido niño, y el destino un gran abusador que se sacia conmigo.
No hay día que disfrute de mí padecer, que me haga zancadilla, me golpee o de alguna manera me deje maltrecho en el suelo.
Hay días que me golpea en repetidas ocasiones, hay otros en los que deja pasar un corto tiempo para generar el efecto sorpresa.
El destino, no sé que le hice al destino pero no me deja en paz,
Ni siquiera me mata o rompe las piernas para evitar que me vuelva a parar.
Ahh, maldita persistencia que me agotas animándome a pararme, para ser arrojado de nuevo al suelo.

ANIQUILAMIENTO AMOROSO

Los remanentes de un sentimiento hermosamente exclusivo, fueron aparatosamente aniquilados por ese demon que nunca me deja en paz.
Paulatinamente salgo de mi asombro, y pasa a través de mí, todos los sentimientos.
Rabia, tristeza, desolación, desconsuelo, esperanza…
Demon, no me busques, ni me acorrales, pues ya no estoy, tú me mataste y olvidaste averiguar si mi naturaleza era la del ave Fenix, la de Prometeo, la de Sísifo o la de Hamlet… No soy un ser trágico y menos un mito, sólo algo imposible en medio de esta absurda realidad.

Barruntamiento de la existencia

Impávido, y algo trémulo, continuo el día añorando el sueño para apaciguar mi dolor.
En este aturdimiento físico, siento como mi inteligencia gotea, cerosa, a través de mis oídos.
Barrunto mi existencia al no persistir en el deseo de estar acostado entre colchas y recuerdos. Y, aunque intento escabullirme de la realidad, termino malogrando mis líneas de fuga, a tal punto, que de nuevo sufro la vacuidad de mi existencia empírica.
Oh, cuanto daría poder gobernarme, por liberarme de la necesidad, para yo mismo elegirla y perseguir su realización; Y volver a empezar… y decidir… y volverá empezar… y morir.

REQUIM

Inoportuno día, prolongado a través de un cansancio vital y corporal, maltrecho por los golpes de la vida, me tomo un momento para contemplarme desde la lejanía. Todo lo sucedido no tiene algún sentido posible, está vacío absolutamente en medio de la negatividad del movimiento de mí ser… Me ahogué en llanto, me deshice en devaneos de angulosas orlas…
Ya queda todo sentenciado, así como mi obligación de despertar día a día, así como la imposibilidad de desterrarme de la vida, mi sentencia es continuar a pesar del estado horroroso que alcancé. Sí, no sólo perdí las esperanzas, sino también la voluntad.
Me monté en una ola en mar abierto y es ella la que dispone de los restos que fui.