Sentado en este trozo de hielo que viaja a la deriva y se
pierde en el horizonte de esos ojos que miran desde atrás.
El sol ilumina el camino, el viento ondea la bandera
improvisada de un auto-destierro.
Itinerario programático que lleva a ninguna parte, mientras
despierta viejos sentires sepultados en arenas movedizas.
La piel acaricia el viento como si este fuera una mujer, la
piel pasa de una abstracción confusa de mi vida, a una sensación corpórea y emotiva. La fluidez se expande por
cada miembro, y revitaliza cada brazada al crepúsculo.
Tal vez vivir sea algo más que pensar, tal vez, sólo tal
vez, se fundamente en el sentir que exige desaprender el camino trazado por ese
trozo de tierra que abandoné.





