MI ÚLTIMA CARTA


Estoy en un país desconocido,
preso por su lengua y sus altos muros.

La marcha redime los pecados
que jamás he cometido.

Mi nombre es un número iniinteligible
que ocupa un exiguo espacio
de una gran lista.

No sé cuando estoy dormido o despierto,
los sueños no logran escapar
a esta rutina.

Solo olores agrios reemplazan
mi recuerdo de la tierra humeda
de mi hogar.

He perdido la esperanza y el deseo,
he ganado callos en mis manos y
pies de trabajar sin descanso.

Estas son mis últimas letras,
ya no se me permite escribir,

                             JUSTIFICACIÓN:
           ESCRIBIR ES UN PRIVILEGIO DE LOS SERES                    HUMANOS

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