En medio de sollosos se desata una tormenta. Ya sabía que algún día sucedería, tenía la completa seguridad de ello, pero por alguna razón desconocida su llegada fue sorpresiva y convulsiva. Su accionar fue similar al de la muerte, esperada pero siempre intempestiva.

Todo en silencio, nada queda por decir luego de esa frase mortuoria. Cuestionar es como pedir explicaciones a la muerte -inutil-, sus respuestas totalmente insatisfactorias.

Los simulacros para este momento fueron en vano, pues llegó como una gran ola, arrasando todo a su paso. Un par de corazones acelerados, un sólo sentimiento incómodo sumido en la tristeza.

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El cuerpo entra en una gran pesadumbre y cada paso se desea el último para aliviar el dolor que se lleva a cuestas.

Una llave. Una puerta. Otra puerta. Un cuarto de baño. Un espejo. Un reflejo sus gestos peor que un condenado. Se emborrona la cara.

Y al mirar el espejo reconozco esa cara. Sí, alguna vez fue la mía.

2 comentarios:

Cindy Marcela Hernández dijo...

De ante mano antes de leer… me encanta la imagen…. :P

Cindy Marcela Hernández dijo...

Literalmente me eriza la piel este escrito acompañado de una muy buena imagen…está esa erupción tan exquisita le letras… que son más que líneas y círculos, que idioma… en una ley ortográfica… somos uno desalmados….

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